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CAUSAS DE ABSTENCIÓN Y RECUSACIÓN DE JUECES Y MAGISTRADOS

La justicia debe ser imparcial. De hecho, uno de los derechos de los ciudadanos es el derecho a un juez imparcial. Por eso, nuestro ordenamiento jurídico prevé dos procedimientos diferentes que persiguen salvaguardar este derecho. Estos dos procedimientos son: a) la abstención y b) la recusación.

a) LA ABSTENCIÓN es el procedimiento mediante el cual es el propio juez o magistrado el que se aparta de seguir conociendo un determinado asunto.

b) LA RECUSACIÓN es el procedimiento mediante el que un tercero solicita que ese juez se aparte de un procedimiento concreto.

Pues bien, para evitar que un juez conozca y tramite un asunto concreto, resulta necesario que concurra alguna de las causas previstas por nuestro legislador. Estas causas de abstención y recusación de jueces y magistrados, que vienen fijadas en la Ley Orgánica del Poder Judicial, son las siguientes:

1ª) Tener un vínculo matrimonial o situación de hecho asimilable y el parentesco por consanguinidad o afinidad dentro del cuarto grado con las partes o con el Fiscal.

2º) Tener un vínculo matrimonial o situación de hecho asimilable y el parentesco por consanguinidad o afinidad dentro del segundo grado con el abogado o procurador de cualquiera de las partes.

3ª) Ser o haber sido defensor judicial o integrante de los organismos tutelares de cualquiera de las partes, o haber estado bajo el cuidado o tutela de alguna de éstas.

4ª) Estar o haber sido denunciado o acusado por alguna de las partes como responsable de algún delito, siempre que la denuncia o acusación hubieran dado lugar a la incoación de procedimiento penal y éste no hubiera terminado por sentencia absolutoria o auto de sobreseimiento.

5ª) Haber sido sancionado disciplinariamente en virtud de expediente incoado por denuncia o a iniciativa de alguna de las partes.

6ª) Haber sido defensor o representante de alguna de las partes, emitido dictamen sobre el pleito o causa como letrado, o intervenido en él como fiscal, perito o testigo.

7ª) Ser o haber sido denunciante o acusador de cualquiera de las partes.

8ª) Tener pleito pendiente con alguna de las partes.

9ª) Amistad íntima o enemistad manifiesta con cualquiera de las partes.

10ª) Si el juez a magistrado puede tener interés directo o indirecto en el pleito o causa.

11ª) Haber participado en la instrucción de la causa penal o haber resuelto el pleito o causa en anterior instancia.

12ª) Ser o haber sido una de las partes subordinado del juez que deba resolver la contienda litigiosa.

13ª) Haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo.

14ª) En los procesos en que sea parte la Administración pública, encontrarse el juez o magistrado con la autoridad o funcionario que hubiese dictado el acto o informado respecto del mismo o realizado el hecho por razón de los cuales se sigue el proceso en alguna de las circunstancias mencionadas en las causas 1ª a 9ª, 12ª, 13ª y 15ª.

15ª) El vínculo matrimonial o situación de hecho asimilable, o el parentesco dentro del segundo grado de consanguinidad o afinidad, con el juez o magistrado que hubiera dictado resolución o practicado actuación a valorar por vía de recurso o en cualquier fase ulterior del proceso.

16ª) Haber ocupado el juez o magistrado un cargo público o administrativo con ocasión del cual haya podido tener conocimiento del objeto del litigio y formar criterio en detrimento de la debida imparcialidad.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira

Abogado

 

CONDUCIR SIN PUNTOS EN EL CARNÉ

En la entrada publicada en este blog el pasado 30 de abril de 2017, ya hablamos del delito del artículo 384 del Código Penal que establece que:

El que condujere un vehículo de motor o ciclomotor en los casos de pérdida de vigencia del permiso o licencia por pérdida total de los puntos asignados legalmente, será castigado con la pena de prisión de tres a seis meses o con la de multa de doce a veinticuatro meses o con la de trabajos en beneficio de la comunidad de treinta y uno a noventa días.

La misma pena se impondrá al que realizare la conducción tras haber sido privado cautelar o definitivamente del permiso o licencia por decisión judicial y al que condujere un vehículo de motor o ciclomotor sin haber obtenido nunca permiso o licencia de conducción”

En aquella ocasión hicimos referencia a una sentencia en la que el sujeto había incurrido en este delito en la medida en que conducía un vehículo a motor sin haber obtenido previamente el permiso de circulación.

Sin embargo, hoy queremos hacer referencia a la jurisprudencia del Tribunal Supremo en relación al supuesto en el que un individuo conduce un vehículo con un permiso sin vigencia debido la pérdida total de los puntos. Pues bien, en este caso el Tribunal Supremo (sentencia de 31 de octubre de 2017) considera que el delito del art. 384 del  Código Penal, no requiere un elemento adicional de poner en riesgo la seguridad vial, por tanto una vez más, afirma nuestro Alto Tribunal que nos encontramos ante un delito de peligro en abstracto que se traduce en conducir sin las condiciones legalmente establecidas para ello. La sentencia en cuestión hace referencia a la nº612/2017 del mismo tribunal en la que éste se expresó en los siguientes términos: <Aquí, ocurre lo propio. La pérdida de puntos del permiso de conducción por las sanciones recibidas, es indicativo de que se carece de las características adecuadas para conducir un vehículo en tanto que el conductor desprecia las normas de circulación legalmente dispuestas para ello, y tal desprecio ha puesto reiteradamente en peligro el bien jurídico protegido, optando el legislador por definir este tipo legal que suprime la vigencia de su permiso de circulación, obtenido regularmente en su día>>. 

Otra sentencia del Tribunal Supremo que puede resultar interesante para el lector, en relación con esta materia es la nº699/2017 de 25 de octubre.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira

Abogado

RESPONSABILIDAD PENAL DE LAS PERSONAS JURÍDICAS

Atrás quedaron esos “maravillosos” años en los que se hablaba del famoso aforismo latino <<societas delinquere nec punire potest>>, es decir, la imposibilidad de que una persona jurídica pudiese ser responsable desde un punto de vista penal. Como sabéis, la LO 5/2010 ha introducido dentro de nuestro ordenamiento jurídico la posibilidad de una responsabilidad penal de la persona jurídica.

El sistema de responsabilidad penal de las personas jurídicas  viene fijado por una  serie de normas concretas, que son:

  1. Del art. 31 bis al 31 quienquies del Código Penal; determinan qué reglas se ha de seguir para investigar y acusar penalmente a las empresas o entidades.
  2. El art. 33.7 del Código Penal; hace referencia al catálogo de penas propias de las personas jurídicas.
  3. Y el art. 66 bis del Código Penal; recoge una serie de normas a seguir en la determinación de las sanciones penales, que han sido especialmente creadas en atención a las particularidades de las personas jurídicas frente a las personas físicas.

Pues bien, para que una persona jurídica pueda ser responsable penalmente de alguno de los delitos respecto a los que se prevé esa posibilidad, deben concurrir una serie de requisitos:

1º) Los delitos de los que se le quiere hacer responsable penalmente tienen que haber sido cometidos por una persona física que tenga la representación u ostente la capacidad decisoria de la entidad (administradores, directivos…), o bien por toda persona que estuviese sometida a la autoridad de aquella/s (empleados o autónomos que prestan servicios puntuales a la empresa, etc).

2º) Los delitos deben haber sido cometidos mediante una conducta que produzca un beneficio directo o indirecto a la persona jurídica, además de por su cuenta o en su nombre (en el caso de superiores), o en el ejercicio de su actividad económica (en el caso de los subordinados).

Sin embargo no se trata de una responsabilidad penal de la empresa de carácter automático, de manera que la responsabilidad penal de alguno de los sujetos que hemos mencionado anteriormente permita concluir que la persona jurídica también resulta responsable. En este sentido se ha manifestado el Tribunal Supremo en sentencia 29 de febrero de 2016, estableciendo el criterio de que las personas jurídicas son responsables penalmente de su propia actuación y por su propia culpabilidad. En otras palabras, podemos decir que la comisión del hecho delictivo por parte de una persona física es un requisito necesario para la atribución de una responsabilidad penal de la persona jurídica, sin embargo en modo alguno ha de resultar suficiente ni puede ser fundamento último y único de esta responsabilidad.

De manera que el fundamento para la atribución de la responsabilidad penal de una entidad ha de ser su propia culpabilidad que se concreta en una falta de vigilancia y control sobre la actividad de las personas que actuan en su nombre o representación. El problema entonces queda en manos de los empresarios, de forma que si quieren proteger a su empresa frente a una responsabilidad penal deben realizar un control que cumpla con los requisitos de los apartados 2 a 5 del art. 31 bis del Código Penal.

El control que debe realizar la entidad respecto de los sujetos contemplados en el apartado a) del art. 31 bis del CP (los superiores), se fundamentará en un primer lugar en la implantación de un modelo de organización idóneo para prevenir delitos con anterioridad a su ejecución. Es decir, lo que trata de implantar son los famosos programas de cumplimiento o Compliance Programs, que deben cumplir en todo caso los requisitos del art. 31. bis. 5 del CP. Y por otro lado, la persona jurídica tendría que haber confiado la supervisión del cumplimiento de este modelo a un órgano autónomo a la dirección de la entidad (compliance officer), aunque si bien es cierto que el art. 31 bis apartado 3 del CP, permite que esta función –de supervisión del cumplimiento- pueda ser encomendada al propio órgano de administración siempre y cuando se trate de entidades de pequeñas dimensiones.

Por otro lado, y en relación al control que debe realizar la entidad respecto de los sujetos contemplados en el apartado b) del art. 31 bis del CP (los subordinados); cabe decir que la persona jurídica no ha de responder por las actuaciones delictivas efectuadas por estos individuos cuando hubiese adoptado y ejecutado eficazmente un modelo de organización adecuado para reducir el riesgo de la comisión de delitos, y no se determine que los subordinados -art. 31 bis apartado b)- han cometido el delito porque los superiores -art. 31 bis apartado a)- han incumplido gravemente los deberes de vigilancia y control -art. 31 bis. 1 b) in fine CP-. De manera que nuestro legislador ha previsto un diferente nivel de riesgo permitido dentro de las entidades en relación a las actividades delictivas ejecutadas por los subordinados. En otras palabras, en el caso de la responsabilidad penal de la persona jurídica por hechos delictivos cometidos por los superiores sería suficiente –para quedar exenta de aquella- que el control cometido por el compliance officer hubiese sido insuficiente; mientras que si los actos delictivos son cometidos por los sujetos subordinados sería necesaria la prueba de que sus superiores infringieron gravemente el deber de diligencia que les correspondía, lo que implica que nos encontremos ante un nivel de infracción mucho mayor.

En conclusión, podemos decir que el sistema de responsabilidad penal de las personas jurídicas ha venido para quedarse, fundamentándose en una cuestión que no resulta baladí, y que no es más que la propia culpabilidad de la entidad. Una culpabilidad que se traduce en una falta de control de los posibles riesgos delictivos existentes en su actividad social, bien porque no los previeron, o bien porque, previéndolos, no se tomaron las medidas adecuadas para evitar que éstos se conviertan en un delito cometido por parte de su personal.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira

Abogado

 

RENUNCIA A LA RECLAMACIÓN POR CLÁUSULA SUELO

Hoy quiero hacer referencia a los “pactos extrajudiciales” en los que los consumidores renunciaron a una futura reclamación por cláusula suelo. Y más concretamente, me refiero a todos esos acuerdos firmados con anterioridad a la famosa sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que reconoció el derecho a reclamar lo cobrado por el banco en aplicación de las cláusulas suelo desde la firma del préstamo hipotecario. Y es ahora cuando entidades bancarias pretenden hacer valer en juicio esos “acuerdos” firmados con los clientes.

Pues bien, cada vez son más los juzgados que deben analizar estos supuestos. De forma que quiero traer a colación, por su claridad expositiva y argumentativa, la sentencia nº 50024/2017 de 13 de septiembre, dictada por el juez GONZÁLEZ URIEL (Juzgado de Primera Instancia nº11 de Bilbao).

En la citada resolución judicial, después de declarar la nulidad de la cláusula suelo prevista en la hipoteca, GONZÁLEZ URIEL analiza la validez del acuerdo de renuncia de acciones que había sido firmado por la demandante. De manera que, tras reflexionar sobre la legislación en materia de consumidores y usuarios así como las posibles líneas jurisprudenciales existentes, su Señoría considera necesario no otorgar validez jurídica al acuerdo de renuncia de acciones, y consecuentemente declara su nulidad.

En concreto, en el fundamento jurídico 4º de la sentencia, el juez expone <<considero que la renuncia no es válida porque carece de objeto: recae sobre los efectos de una cláusula inexistente, una cláusula radicalmente nula. La nulidad de la cláusula ya ha sido declarada en el fundamento anterior por lo que si se atribuyese eficacia a la transacción estaríamos pervirtiendo el efecto disuasorio perseguido por las normas de Derecho de la Unión Europea y por la Jurisprudencia del TJUE: la cláusula nunca ha existido, por lo que sobre la misma no es posible considerar subsistente o productor de efectos acuerdo alguno. El consumidor se encuentra en una situación de desequilibrio, por lo que ha efectuado una renuncia sin ser consciente del alcance de los efectos de la declaración de nulidad y de que no era posible transigir sobre una cláusula nula. Debe restituirse la situación de hecho y de derecho en que se encontraría el consumidor de no haber existido dicha cláusula, y dicha situación en modo alguno puede ser la resultante de una transacción de la misma>>.

A lo que el juzgador añade que <<el efecto de cosa juzgada material no puede darse en este supuesto: el acuerdo era nulo por carencia de objeto, por lo que no ha existido, y no se puede extender lo que no existe, so riesgo de caer en un absurdo jurídico insostenible. De este modo, estimo que la transacción fue llevada a cabo en un fraude de ley, perpetuando una situación antijurídica abusiva para el consumidor, vulneradora de la normativa europea y nacional sobre protección de los consumidores. La actora llevó a cabo una renuncia sobre un objeto sobre el que no podía transigir>>.

Quizás se pueda decir más alto, pero no más claro.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira.

Abogado

CARTA A UN JOVEN ABOGADO

Jóvenes recién licenciados en Derecho, jóvenes que se lanzan al “vacío”, que se lanzan a experimentar una nueva aventura dentro de una profesión, LA ABOGACÍA.

Para todos los que hemos vivido esa etapa. Para los que en estos momentos la están viviendo. Y para los que decidan vivirla en un futuro. Para todos vosotros, aquí os dejo la “Carta a un joven abogado”, de la mano de la compañera Miriam Guardiola, que dice así:

Querido joven abogado:

Cuando leas esta carta quizá yo ya me haya ido. Quizá haya partido a otra galaxia o quizá esté volviendo a casa en un bucle en el tiempo. Quizá me haya convertido en parte del espacio ya que cada átomo de nuestro cuerpo formó parte alguna vez de una estrella. Quizá sea yo mismo quien reciba esta carta. Te envió estas palabras desde un futuro muy lejano. He librado batallas que jamás imaginarías y he visto cosas que tu mente y tu entendimiento ni tan siquiera sospecha.

Sé que eres joven y estás lleno de vida. Sé que estás asustado y a veces te sientes perdido. No es fácil ser abogado. No es fácil.

Recuerdo que cuando tenía tus años me preguntaba cómo sería ser un abogado del futuro. Cuáles serían los retos y los nuevos desafíos jurídicos que la vida me pondría por delante. Hoy ya en el ocaso de mi vida he aprendido que, a pesar de todo, nosotros los humanos, somos seres llenos de vida y que nos seguimos y seguiremos haciendo siempre las misma preguntas.

Por eso te escribo esta carta, arrojada a los océanos del tiempo, con el único fin de que en algún momento, en algún lugar, alguien (quizá algún abogado como tú, perdido como yo lo estaba entonces) pueda leerla.

He visto como las normas han revolucionado el mundo. Lo que en tu época se llama robótica no es más que una semilla de lo que las máquinas serán en un futuro. Las jurisdicciones cambiarán, también las normas que hasta ahora creías inmutables. Se legalizarán los viajes en el tiempo, viajaremos a galaxias lejanas más allá de los límites del espacio y del tiempo y alguna catarsis planetaria alterará tu manera de concebir el mundo.

Se descubrirán nuevos inventos que jamás soñaste, se alargará la vida y se erradicarán enfermedades. Pero surgirán nuevos peligros para los que no estaremos preparados. La tecnología avanzará hasta cotas insospechadas, se instaurarán nuevos sistemas de detección de delitos y con ella toda la configuración clásica del derecho. La clonación abrirá nuevos campos jurídicos antes insospechados y la selección genética marcará un antes y un después en la sociedad, los ciudadanos y el derecho. Habrá guerras por inteligencias artificiales y la nanotecnología dejará de ser un desideratum. Se explorarán nuevos mundos y nuevas realidades, te ahorraré las problemáticas jurídicas de la teletransportación, mutación y viajes en el tiempo. Los androides serán juzgados como humanos pero las máquinas no conseguirán extinguirnos.

Sé que te gustaría que siguiera relatándote estos hechos extraordinarios. Pero quiero que emprendas tu propio viaje. Quiero que vivas con la mente y el corazón abierto y que aprendas a juzgar con tus propios ojos. Deseo también que sean las experiencias las que marquen tu viaje vital y profesional a tierras muy lejanas. Sé que te levantarás cuando caigas y que juntarás tus pedazos y aprenderás. Recuerda que eres abogado y eso imprime carácter. Nosotros nos regeneramos, adaptamos y seguimos hacia adelante.

Pero sin embargo, y a pesar de todos estos sucesos increíbles, me he convencido de que todos los retos del abogado del futuro son y serán siempre los mismos. Esta noble profesión que tanto amas defiende a personas y busca la justicia. Por eso quisiera que grabaras a fuego en tu mente las siguientes palabras que son y serán siempre las mismas. Reglas inmutables en el tiempo por los siglos de los siglos entre esta especie de humanos que amamos y ejercemos esta profesión desde el origen de los tiempos y que toda una revolución histórica no ha extinguido.

1. Sé honesto

No sólo con el cliente, sino contigo mismo. Sé fiel a ti mismo y a tus valores y principios. Recuerda que has elegido esta profesión por ser la más noble entre los oficios, ya que busca la justicia y lucha por ella. Recuerda que defiende el más superior de todos los valores. Defiende con fuerza las causas nobles y lucha por el mayor tesoro que ostenta toda persona: sus derechos. No persigas casos, sino causas por las que merezca la pena luchar e invertir tu tiempo.

2. Actúa con Pasión

Busca aquello en lo que crees y amas. Pues, como dijo Cicerón, entrega tu corazón al oficio que has aprendido y hallarás sosiego en él. Aliméntate de las satisfacción que nos regala esta profesión. Entrega tu alma a la justicia y enamórate cada día de ese fiel compañero que es el derecho.

3. Trabaja duro

Nada cosecharás si no siembras en el fértil campo del trabajo duro. Trabaja con rigor y con ahínco. Exígete a ti mismo las mismas cualidades y aptitudes que te gustaría encontrar detrás de la mesa del despacho. Sé un espejo en el que mirarte y un ejemplo de tu propia vida a la que puedas mirar sin rubor cuando pasen los años y vuelvas la vista atrás.

4. Sé empático

Ponte en los zapatos del cliente. El cliente no es un número más en la carpeta de un expediente. Es una persona que acude a ti para entregarte su confianza y ponerte en sus manos. Recuerda que no hay casos pequeños, porque detrás de cada persona hay una historia. Trata de escucharlos y entenderlos.

5. Estudia todos los días

El derecho es una de las pocas ciencias que se encuentran en continúo cambio. Fórmate, escucha, lee. Permanece en continúa actualización y formación y recuerda que el mayor valor del abogado es el conocimiento. La mejor arma con la que atacar y defenderse es conocer la ley. Sólo así garantizarás un trabajo eficaz, eficiente, profesional. Sólo así serás digno de la profesión en la que crees. No dejes que el tiempo y la desidia te desanimen. Estudia con la misma ilusión que el primer día.

6. Enfócate

Busca metas y objetivos. Cree en ti mismo y persevera en lograr tu propio éxito. Cuanto más remes hacia la orilla más te darás cuenta que lo importante es disfrutar del camino y no la meta. Pero también aprenderás a que tus coraje y valor para lograrlas tendrán su recompensa. No te rindas ni cedas.

7. No generalices

El mayor error del abogado es generalizar. Escucha a cada persona y lee cada caso con detenimiento y como si fuera la primera vez. No hay dos personas ni dos casos iguales. Estudia con detenimiento cada caso de forma personal. No automatices, no somos máquinas. El ser humano es complejo y único. Haz un seguimiento personalizado y actualizado.

8. Sé paciente y persevera

Recuerda que la paciencia es una planta de raíces amargas pero de frutos dulcísimos. Ten siempre en mente que la profesión a la que has consagrado tu vida es un noble oficio que amas y el sustento de tu vida. No busques más que la gloria y el éxito que te proporciona un nuevo reto.

9. Comprométete

Sé humano, cercano y cálido. Reconócete en los ojos del otro, intenta entender su situación y postura. Ten en cuenta las emociones y sentimientos de las personas. En el compromiso con tu profesión hallarás la clave del éxito.

10. Involúcrate e innova

El mundo cambia por momentos y cada vez más veloz. Adáptate rápido y con ilusión. Crea, evoluciona, crece.

Así que te deseo el mejor de los viajes. Que la Odisea te lleve a maravillosos lugares y te sorprenda con increíbles aventuras. Pero ten siempre en tu mente llegar a Ítaca: tu destino y origen. Sé valiente para enfrentarte a la vida, comprometido ante la injusticia, sensible ante el que necesita ayuda, firme en tus convicciones y valores. Sé un hombre de honor que dignifique la profesión. Para que si alguna persona, en algún momento, en algún lugar reconoce estos valores, pueda decir de manera firme:

“Mira, por allí camina un abogado”

Atentamente, un abogado del futuro.

Fdo.- Miriam Guardiola Salmeron