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VALIDEZ DE LAS PRUEBAS ILEGALES

Si partimos de una lectura del artículo 11 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, no nos queda otra interpretación posible que no sea entender que si una prueba es obtenida de manera ilegal no podemos hacer uso de ésta en un procedimiento judicial. Y es que este precepto prevé que <<En todo tipo de procedimiento se respetarán las reglas de la buena fe. No surtirán efecto las pruebas obtenidas, directa o indirectamente, violentando los derechos o libertades fundamentales>>. Es decir, no todo vale. Las pruebas utilizadas en el juicio deben haber sido obtenidas de forma legal.

De Sin embargo, esta regla general puede tener diversos matices, así por ejemplo resulta diferente si es el Estado el que ha obtenido ilegalmente las pruebas que se intentan utilizar en el juicio o si por el contrario éstas han sido obtenidas por un particular. Un ejemplo de ésto, lo podemos encontrar en la famosa sentencia del Tribunal Supremo de 23 de febrero de 2017, también conocida como la sentencia Falciani. El Alto Tribunal entiende que se debe distinguir esas dos situaciones, denegando la validez de las pruebas obtenidas ilegalmente por parte del Estado y admitiendo las obtenidas ilegalmente por un particular ajeno a la actividad estatal.

Concretamente el fundamento jurídico 6º de la sentencia dice <<Pues bien, la Sala entiende que la posibilidad de valoración de una fuente de prueba obtenida por un particular con absoluta desconexión de toda actividad estatal y ajena en su origen a la voluntad de prefabricar pruebas, no necesita ser objeto de un enunciado legal que así lo proclame. Su valoración es perfectamente posible a la vista de la propia literalidad del vigente enunciado del art. 11 de la LOPJ y, sobre todo, en atención a la idea de que, en su origen histórico y en su sistematización jurisprudencial, la regla de exclusión sólo adquiere sentido como elemento de prevención frente a los excesos del Estado en la investigación del delito….>>

Sin embargo, el Tribunal Supremo advierte y reconoce que la mayoría de la jurisprudencia opta por excluir la prueba obtenida por un particular con vulneración de derechos fundamentales, justificando su decisión en ese caso concreto, en el hecho de que no existe elemento alguno que nos conduzca a una finalidad de preconstitución de prueba por parte del Sr. Faciani.  En este sentido el Supremo fundamenta su decisión con las siguientes palabras:

<<La jurisprudencia de esta Sala ofrece precedentes que no siempre actúan en la misma dirección. Son abrumadoramente mayoritarias, desde luego, las decisiones que optan por la exclusión de la prueba obtenida por un particular con vulneración de derechos fundamentales (cfr. por todas, SSTS 239/2014, 1 de abril ; 569/2013, 26 de junio ; 1066/2009, 4 de noviembre , entre las más recientes).

Pero no faltan supuestos en los que la ausencia de toda finalidad de preconstitución probatoria por parte del particular que proporciona las pruebas, lleva a la Sala a admitir la validez de la prueba cuestionada. Es el caso, por ejemplo, de la STS 793/2013, 28 de octubre , en la que la Sala no hizo valer la regla de exclusión porque “…no pueden solucionarse con arreglo a las mismas pautas valorativas los casos en los que esa grabación se ofrece por los agentes de policía que han asumido la investigación de un hecho delictivo y aquellos en que son los particulares quienes obtienen la grabación. Y tratándose de particulares, aconsejan un tratamiento jurídico distinto las imágenes que hayan podido grabarse mediante cámara oculta por un periodista para respaldar un programa televisivo, por una víctima para obtener pruebas con las que adverar una denuncia o por una entidad bancaria como medida disuasoria frente a robos violentos. Tampoco puede dispensarse un tratamiento unitario al caso de una grabación que se realice con simultaneidad al momento en el que se está ejecutando el delito, frente a aquellos otros en los que se busca información sobre acciones delictivas ya cometidas o planeadas para el futuro” .>>

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira

Abogado

 

 

DELITO DE FALSEDAD DE CUENTAS SOCIETARIAS

El delito de falsedad de cuentas, se trata de un delito económico, societario y de carácter doloso. Una figura delictiva prevista en nuestro Código Penal, concretamente en el artículo 290, que establece que:

Los administradores, de hecho o de derecho, de una sociedad o en formación, que falsearen las cuentas anuales u otros documentos que deban reflejar la situación jurídica o económica de la entidad, de forma idónea para causar un perjuicio económico a la misma, a alguno de sus socios, o a un tercero, serán castigados con la pena de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses.

Si llegare a causar el perjuicio económico se impondrán las penas en su mitad superior.

Por tanto, como ya hemos adelantado y como ha declarado de forma reiterada nuestra jurisprudencia, nos encontramos ante un delito de carácter doloso. Un dolo que ha de ser directo, es decir, la acción u omisión del administrador ha de tener la finalidad “falsear las cuentas para causar un perjuicio económico” y ésta debe ser querida por aquel. Es por ello por lo que no bastaría con que el sujeto activo acepte como consecuencia de su conducta el hecho de que se ocasione un perjuicio económico (dolo eventual).

El Tribunal Supremo en sentencia de 17 de marzo de 2016 (f.j 3º), expone lo siguiente:

Y en cuanto al núcleo de la conducta típica, dice la sentencia 655/2010 , “falsear” en el sentido del art. 290, es mentir, es alterar o no reflejar la verdadera situación económica o jurídica de la entidad en los documentos que suscriba el administrador de hecho o de derecho, porque así es como se frustra, además, el derecho de los destinatarios de la información social (sociedad, socios o terceros) a obtener una información completa y veraz sobre la situación jurídica o económica de la sociedad. Hay que tener en cuenta que ocultar o suprimir datos es una forma de faltar a la verdad en la narración de los hechos, y por otra, que el administrador tiene el deber jurídico de cumplir con su cometido con la diligencia de un ordinario empresario y de su representante leal ( art. 127.1 LSA y 61 LSRL ), lo que, implícitamente, y en términos generales, le obliga a ser veraz con la información que suministra sobre la sociedad.

En definitiva, hay que probar la “finalidad de perjudicar” no sólo desde un punto de vista formal (idóneo) sino también desde un punto de vista material. Y prueba de ello, por ejemplo, puede ser el hecho de haber presentado esas cuentas “irreales” ante el Registro Mercantil, ya que es en ese momento en donde éstas afectan al tráfico jurídico mercantil, así como a los intereses de las sociedades, socios o terceros.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira

Abogado (I.C.A Ferrol).

EL TRIBUNAL SUPREMO RATIFICA LA INDEMNIZACIÓN A ROBERTO HERAS.

El Tribunal Supremo ratifica la indemnización de 724.904€ concedida por la Audiencia Nacional al exciclista Roberto Heras. Una cantidad que deriva de la anulación judicial de la sanción que se le impuso al deportista a raíz de dar positivo en un control antidopaje en el año 2005.

La indemnización tiene su fundamento en que la sanción ha ocasionado un importante perjuicio al exciclista. En palabras del Supremo: <<Es la sanción impuesta la causa directa, inmediata y exclusiva de que se rescindieran los contratos laborales y de patrocinio y de que el Sr. Heras se viera privado de ejercer como ciclista profesional durante el tiempo de la sanción, con independencia de que en la rescisión de aquellos contratos intervinieran terceros>>.

Pincha AQUÍ para leer la sentencia.

LA OBLIGACIÓN DEL REGISTRO DE JORNADA

El Tribunal Supremo permite a las empresas no cumplir con el famoso “registro de jornada diaria” de la plantilla. Sin embargo, si mantiene la obligación de los empresarios de llevar un control mensual de las horas extras realizadas por los diferentes trabajadores.

Los magistrados de nuestro Tribunal Supremo advierten de que las empresas no están obligadas “por ahora” a llevar un registro horario, razón por la que los tribunales no pueden “suplir al legislador imponiendo el establecimiento de un complicado sistema, mediante una condena genérica”.

El Alto Tribunal considera que la decisión adoptaba, basada en la interpretación del Estatuto de los Trabajadores, no deja indefenso al empleado a la hora de probar la realización de horas extraordinarias, puesto que la empresa le notificará el número de extras acumuladas a final de mes.

Referencia: Sentencia nº246/2017, de 23 de marzo, Ponente: Excmo. Sr. D. José Manuel López García de la Serrana

CONTRATO DE FRANQUICIA vs CONTRATO DE DISTRIBUCIÓN.

El contrato de franquicia es un contrato celebrado entre dos partes (franquiciador y franquiciado), que tiene carácter atípico (no cuenta con una regulación específica en el ordenamiento jurídico). Un contrato según el cual, el franquiciador (empresario principal) otorga a la otra parte contratante (franquiciado), el derecho a utilizar bajo determinadas condiciones de control, durante un periodo de tiempo y para una determinada zona, una técnica en la actividad industrial/comercial o de prestación de servicios (know-how), a cambio de una determinada contraprestación económica.

La naturaleza del contrato de franquicia ha sido definida por el TJCE en sentencia de 28 de enero de 1986 en el <<caso Pronuptia>>. Una sentencia en la que además el Tribunal, marca las diferencias entre el contrato de franquicia y los contratos de distribución. Unas  diferencias que radican en que:

  • En el contrato de franquicia el franquiciador transmite su know how, o asistencia o metodología del trabajo, aplicando su sistema de comercialización que ya ha sido probado.
  • El franquiciador quedará obligado a dirigir, diseñar y en ocasiones sufragar determinadas campañas publicitarias para dar a conocer la marca franquiciada.

Mientras que en los contratos de distribución hablamos de dos empresarios totalmente independientes, entre los que se se establecen relaciones puntuales y limitadas. En el contrato de franquicia se transmite por parte de un empresario el saber hacer de un negocio concreto (know how), formándose y convirtiéndose en empresario. Ligando su actuación empresarial a este sistema de negocio cuya eficacia ya ha sido probada de forma experimental por el franquiciador.

Por su parte,  artículo 2.1 del RD 201/2010 de 26 de febrero por el que se desarrolla el artículo 62 de la Ley 7/1.996 de Ordenación del Comercio Minorista define la actividad comercial en régimen de franquicia como aquella que se realiza en virtud del contrato por el cual una empresa – el franquiciador- cede a otro – el franquiciado-, en un mercado determinado y a cambio de una contraprestación financiera directa o indirecta o ambas, el derecho a la explotación de una franquicia sobre un negocio o actividad mercantil que el primero venga desarrollando anteriormente con suficiente experiencia y éxito, para comercializar determinados tipos de productos o servicios y que comprende, por lo menos:

    1) El uso de una denominación o rótulo común y una presentación uniforme de los locales o medios de transporte objeto del contrato.
    2) La comunicación por el franquiciador al franquiciado de unos conocimientos técnicos o un saber hacer, que deberá ser propio, substancial y singular.
    3) La prestación continúa por el franquiciador al franquiciado de una asistencia comercial, técnica o ambas durante la vigencia del acuerdo.

Y, expresamente en su apartado 3, el artículo 2 dispone que no tendrá la consideración de franquicia el contrato de concesión mercantil o de distribución en exclusiva por el cual un empresario se compromete a adquirir, en determinadas condiciones, productos normalmente de marca a otro que le otorga una cierta exclusividad en una zona, y a revenderlos también bajo ciertas condiciones, así como a prestar a los compradores de estos productos asistencia una vez realizada la venta, pues obviamente, no hay transmisión ni cesión de know how alguno, pilar sobre el que se asienta todo contrato de franquicia.

Entonces, ¿por qué contrato debemos optar? Contrato de franquicia o contrato de distribución? Puede parecer que todo son ventajas en una franquicia, sin embargo no todo es oro lo que reluce. Por eso os recomendamos la lectura del post publicado en septiembre de 2015 sobre el concepto, las ventajas y los inconvenientes del contrato de franquicia.

Un saludo y hasta la próxima.

Alejandro Seoane Pedreira.

Abogado (I.C.A Ferrol).